(1) MALDITOS VECINOS 2, de Nicholas Stoller.

TENSA CONVIVENCIA
Existen comedias burdas, de brocha gorda, que sin embargo incluyen hábiles pinceladas en su ejecución. Lo demostró Malditos vecinos (2014), cuyo director camufló en toneladas de chistes incorrectos, esos de temática escatológica y sexual que tanto gustan al público juvenil, acertadas reflexiones sobre qué significa hoy en día ser un buen cónyuge, progenitor y vecino. Aquel delirante retrato de un conflicto vecinal llevado al paroxismo ha tenido una previsible secuela dado el éxito comercial que lo convirtió en una de las películas más rentables del año en Estados Unidos.
Así pues, partiendo en esencia de un enfrentamiento similar entre residentes de un mismo barrio periférico, Malditos vecinos 2 amplía su oferta de gags toscos y zafios. Pero ahora añade un ingrediente nuevo: la brecha intergeneracional entre los veinteañeros y los treintañeros. Los protagonistas de la primera entrega se han convertido en apacibles padres de familia con sus correspondientes hábitos, valores y necesidades, que chocan con el ansia de desmadre y libertinaje de unas nuevas generaciones que entran fuerte en la edad adulta, que en USA coincide con la entrada en la universidad.
Además, las antagonistas son mayoritariamente mujeres, por lo que el film muestra el creciente papel femenino en todos los ámbitos sociales, culturales, políticos y económicos en la sociedad estadounidense… a su peculiar modo. Esto es, igualando en estupidez las peripecias gamberras de sus homólogos masculinos.
En Malditos vecinos 2, el pulso entre vecinos tiene su gracia durante su primera parte. Pero llega un momento en que la gracia ya no se mantiene por más tiempo y todo se vuelve reiterativo y previsible. Y un happy end que suaviza todas las diferencias y lima asperezas acaba fastidiando el tono gamberro del relato. Una inevitable concesión más a la taquilla.
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