(3) MISSISSIPPI MASALA, de Mira Nair.

DE RAZAS Y CULTURAS
Más de cuatro años después del estreno de Mississippi Masala (1991) en Madrid y tras un pase televisivo, nos llega al fin el segundo film de Mira Nair, una realizadora hindú educada en Irlanda y en Estados Unidos. La película es una co-producción entre USA, Gran Bretaña e India y su carácter multinacional se traduce aquí en su postura integradora y antirracista: en Uganda los hindúes son expulsados en 1972 por el dictador Idi Amin Dadá para que sus bienes solo sean para los africanos negros; trasladándse a Mississippi, donde surgen de nuevo los conflictos raciales entre los prepotentes hindúes y los ahora relegados negros.
Esta contradicción lleva aparejada, sin mensaje artificioso alguno, una moraleja: la necesidad de mestizaje, con las diversas razas y culturas dispuestas a fusionarse sin recluirse en ghettos y sin recurrir a nostalgias y añoranzas estériles. Una llamada al intercambio cultural que en el film encarnan los protagonistas jóvenes, un Denzel Washington debutante y una encantadora Sarita Choudhury, una auténtica revolución. Una historia de amor la suya bastante convencional, de hechuras fotonoveleras, cuya superficialidad debe no poco a los convencionalismos propios del cine hollywoodiense.
El valor de Mississippi Masala es, en efecto, una mezcla entre el cine USA y el del Tercer Mundo, una aplicación de las convenciones del relato tradicional a la crónica de la verdad más profunda de los pueblos. Todo ello en un producto de estilo sencillo y funcional, especialmente honesto, en el que debe destacarse la fotografía de Sooni Taraporevala y la música de L. Subramaniam, muestra de una fructífera coexistencia entre melodías hindúes, ritmos africanos y blues americanos.
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