(3) DULCES SUEÑOS, de Karel Reisz.

UNA ENCRUCIJADA VITAL
Karel Reisz debió recibir el encargo de llevar al cine la biografía de Patsy Cline, una cantante de música country del medio Oeste estadounidense y, procurando sortear las tradicionales convenciones del biopic pero sin poder evitar la exaltación de la protagonista, optó por dignificar el producto mediante un enfoque en cierto modo feminista y con una serie de apuntes realistas sobre la vida cotidiana.
De Patsy Cline nos narra los episodios fundamentales de su vida: sus inicios como amateur, sus dos matrimonios e hijos, su lenta y ascendente carrera profesional, sus giras y grabaciones, sus problemas conyugales y sus accidentes, uno de tráfico que le desfiguró la cara y el aéreo que le hizo perder la vista. Para encarnarla, una actriz sensacional, una Jessica Lange plena de facultades interpretativas que pasa fácilmente de la espontaneidad y simpatía a los registros deamáticos más profundos, mostrando perfectamente la evolución física y psicológica del personaje entre 1956 y 1963, gracias a una magnífica labor de maquillaje. Y para ambientar el film se han utilizado objetos, vestidos y decorados de la época, así como una banda sonora repleta de grabaciones discográficas de la propia Patsy y de otros cantantes.
Reisz procura evitar la idealización de la figura homenajeada, aún reconociendo sus virtudes humanas y profesionales. Y ello a costa de poner en la picota a dos maridos que no estuvieron, parece ser, a la altura de la mujer: el primero, un muchacho más aficionado a los barquitos que a la cama; el segundo, un macho violento partidario de la cerveza, los ligues y el dinero de su compañera.
Y es sin duda en la crónica de la realidad cotidiana, en esa precisa y sintética descripción de las complejas y problemáticas relaciones de la pareja donde la película tiene a mi juicio mayor interés, procurando evitar el maniqueísmo, mediante un relato en el que se entremezclan comedia y drama, éxito y fracaso, felicidad y frustración, amor y odio… en definitiva, las luces y las sombras que suelen componer la vida de cualquier mortal.
El realizador hace aquí gala de lo que denominamos un certero “pulso narrativo”, mostrando lo esencial de las situaciones, manteniendo el ritmo, dirigiendo bien a los actores y planificando con pericia, logrando el adecuado clima de lirismo, de patetismo o de exaltada alegría. Un producto digno.
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